
Como se sabe, la alquimia se utiliza de muchas maneras. La alquimia como disciplina filosófica reside en el poder de crear formas más sutiles de apreciar cualquier situación que se deba superar. La magnitud que existe para transformarse es infinita. Cuando se experimenta dolor, caos, desamor, decepción, tristeza, pérdida y más, situaciones así siempre implican un desafío a los propios sentimientos. Recuerdos de sucumbir al espíritu y terminar roto. La actitud de encontrar una forma de generar más amor desde el interior, susurrando con suavidad al corazón, expandiéndose a través del cuerpo emocional, esa fuerza que nace tan pura, revelará de qué se está hecho. Solo un estado de amor purísimo traerá una paz infinita. Todo está dentro de uno mismo.
Durante el recorrido artístico se ha estado expuesto a diferentes y múltiples estilos, marcados por una era simbolista y conceptual, además de nuevas corrientes generadas a partir de esas estructuras contemporáneas y tradicionales. A través de la obra se intenta transmitir la interpretación del espíritu que habita en el interior. Bajo el lente de la ambigüedad continua que pueden crear las diversas experiencias, y sin que la mirada de nadie sea jamás verdaderamente idéntica, es posible encontrarse en un espacio mágico de alquimia. Se propone una interpretación metafórica, generalmente a través de mariposas como símbolo de transformación absoluta. Se intenta crear una dimensión donde se puedan abrir puertas con el verdadero tesoro del universo.
El uso de materiales suele ser variado y diverso. Desde el lienzo tradicional, papel duro o soporte de madera. Pintura sintética, óleo, acrílico, pasteles, además de incluir yeso o texturas textiles, según la obra, son los medios que conectan con ese estado de memoria para materializar lo que se siente en espíritu.
Adri Zalazar
